
Por: Isabel Cristina Gómez Giraldo
Hoy, a través de este artículo, deseo compartir mi experiencia como migrante, en especial lo relacionado con el tema de la “Salud del migrante”. Les contaré cómo ha sido mi proceso fuera de mi país, país al cual amo entrañablemente y cada vez admiro más.
Mi “tierrita”, como cariñosamente llamamos a Medellín, la ciudad de la eterna primavera, fue la que el sábado 29 de abril del 2023, me vio partir con una maleta cargada de sueños, ilusiones y un futuro incierto hacia otro continente.
Cuando tomé la decisión de migrar, muchas personas a mi alrededor se sorprendieron, incluso me llegaron a expresar que estaba “loca” por querer migrar; después de tener una vida profesional sólida y un empleo que me permitía estar cómodamente estable en mi país.
Sin embargo, siempre me he dejado guiar por lo que me dicta el corazón, por eso, estoy acá, escribiendo estas líneas para contarle a ustedes por medio de este artículo, lo que vive un migrante.
No les negaré que la travesía ha sido desafiante, he tenido días grises, donde la soledad me ha hecho cuestionarme, en si tome la mejor decisión, pero también han llegado días radiantes, así como el sol de verano, que me recuerda que soy valiente y que todo se puede lograr si creo en mí y en mis capacidades.
Cada día que he vivido como migrante, ha sido una lección invaluable, por ello, con artículos como éstos, quiero inspirar y edificar a otras personas para que se permitan soñar.
Con referencia al tema de la salud de los migrantes, desde mi experiencia, concluyo que va más allá de las dolencias físicas, las gripes o el suministro de medicamentos. Es un tema, que involucra la forma en que un migrante puede acceder a la atención médica. Cada país maneja su sistema de salud de forma diferente, en Estados Unidos (EEUU), por ejemplo, los servicios de salud no solo varían de estado a estado, sino también en cuanto a costos y beneficios.
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El viernes 1 de noviembre del 2024, fue el día que me sentí más sola en ese país, ese día marcó significativamente mi historia como migrante. Ese día amanecí inexplicablemente con moretones en mi cuerpo, y las articulaciones de mis manos y pies me dolían intensamente, como si estuvieran en llamas, esa situación me llenó de mucho miedo y comencé a añorar profundamente regresar a mi hogar, a mi lugar seguro, a mi familia. Sin embargo, me llené de valentía y comencé a investigar cómo acceder al sistema de salud según mi estatus migratorio; allí comenzó mi camino en búsqueda de atención médica prioritaria, porque realmente me sentía muy mal.
Hoy reconozco la importancia de migrar de manera legal, como lo hice yo, he tenido la posibilidad de contar con un seguro médico, que me ha ayudado a superar las situaciones de salud que se me han presentado.
Gracias a la póliza que pagué, puedo acceder al servicio de urgencias, allí atendieron la situación que presentaba. Luego de ser atendida, y con los dolores más controlados, busqué un médico para que me diera un diagnóstico más detallado. Les cuento que la elección del médico para que me hiciera el diagnóstico, la hice con base al nombre y sus apellidos, quería que me atendiera un latino, pues así podría expresar más fácil y en mi idioma materno (el español), la situación que presentaba.
Cuando entré al consultorio, me llevé una gran sorpresa, pues mi instinto de latina me había fallado, el médico que me atendió era filipino, esto llevó a que me tocara esforzarme un poco más con el idioma y los términos médicos. Afortunadamente, el médico fue muy diligente y comprendió lo que le expresaba, me envió a hacer varios exámenes médicos de carácter prioritario.
Los resultados de los exámenes mostraron alteraciones en mis venas y articulaciones, por lo que debía consultar a un cardiólogo, lo que me angustió mucho, pues era consciente que estaba sola en un país que no es el mío y del cual no domino 100% su idioma. Al día siguiente, me llamaron para programar la cita con el especialista, todo fue realmente muy rápido.
El especialista me envío a hacer otros exámenes, los cuales salieron alterados, en especial los que hacían referencia al corazón. Yo me sentí triste, y en su momento, no lo negaré, le pregunté a Dios si en realidad era este país donde me tenía para vivir. Recuerdo que pasé dos noches en llanto y con muchos cuestionamientos, sin embargo y pese a la soledad que me abatía, tome la decisión de solo contarle lo que me estaba pasando a mi hermano, en quien confió enormemente, a una prima que vive también en EEUU, y quien me ayudó siendo mi contacto de emergencia en caso de que algo sucediera y a alguien increíble que Dios me puso en el camino, a la cual llamo: la mamá Neoyorquina.
Durante los siguientes seis meses, continúe con chequeos médicos y seguí estrictamente las recomendaciones de los especialistas. Esos meses fueron de aprendizaje, me aferrare mucho a mi fe (Dios), lo que me dio paz y confianza inimaginables. A partir de ahí comenzó una nueva etapa de mi vida, en la cual tuve que, preocuparme más por una alimentación saludable y retomar el ejercicio, lo cual contribuyó a mi recuperación.
Finalmente, el 11 de abril de 2025, en una de mis visitas al médico, recibí la noticia de que mi sistema circulatorio y mi corazón estaban funcionando correctamente. ¡Estaba sana!
Esta experiencia me dejó muchas lecciones de vida, una de esas es la importante de migrar con un estatus legal, porque, gracias a ello, pude acceder a la atención médica a tiempo y de forma segura, lo que fue clave para mi recuperación.
Hoy sigo invitando a las personas que piensan migrar, que lo hagan de manera legal, les recomiendo investigar y evaluar los diferentes tipos de visados que tiene cada país; porque estar en un país de manera ilegal y sin la posibilidad de acceder al sistema de salud en un momento de enfermedad, pone en riesgo no solo la vida, sino también los ahorros, los proyectos personales y los sueños que uno lleva consigo.
El responsable de su salud, es el mismo migrante, quien debe desde el principio hacer las cosas bien y de manera responsable.





