

En el panorama juvenil de Antioquia, el proyecto verde no surgió del entusiasmo espontáneo, sino de una planificación paciente y una lectura profunda del territorio. Bajo la coordinación de Fernando Arroyave, el proceso de Jóvenes Verdes se reorganizó desde la base, vinculando liderazgos dispersos, reconstruyendo confianzas y dando coherencia a una estructura política que hoy tiene presencia en todo el departamento.
Los resultados hablan por sí solos: 4.544 votos en 23 municipios y más de 40 Consejeros Municipales de Juventud electos, que representan cerca del 7 % del total nacional de la Alianza Verde. Pero más allá de las cifras, este logro refleja una estrategia sostenida en la técnica, la reflexión y la capacidad de articular procesos locales en un proyecto común.
Fernando asumió el liderazgo no desde la imposición, sino desde la escucha. Reconoció el trabajo silencioso de equipos territoriales que, pese a las limitaciones, mantuvieron viva la apuesta verde. Su papel fue conectar, orientar y dar dirección estratégica a una red diversa de jóvenes que hoy inciden en la agenda pública desde municipios como Copacabana, Montebello, San Vicente, Titiribí o Medellín.
“Nada de esto hubiera sido posible sin la voluntad de quienes, en los territorios, decidieron creer nuevamente en el trabajo colectivo. La coordinación no es un puesto de mando, es un espacio de acompañamiento y de aprendizaje constante”, afirma Fernando, quien reivindica el conocimiento técnico y la formación política como ejes para fortalecer la participación juvenil.
El proceso antioqueño demuestra que la organización política también puede ser un ejercicio de inteligencia colectiva, donde la estrategia no se mide por la inmediatez del resultado, sino por la capacidad de construir estructura, sentido y permanencia.
En un contexto donde la juventud enfrenta barreras estructurales y resistencias históricas dentro de los espacios políticos, el trabajo coordinado desde Antioquia se convierte en un ejemplo de persistencia, planificación y método.
Porque en este proceso, más que una ola, lo que se levanta es una estructura consciente, tejida desde la coherencia, la disciplina y la convicción de que los cambios reales se construyen paso a paso, con todos y para todos.





